Manejo y Prevención de la Trombosis


El manejo estándar inicial de la TVP se hace usualmente con el paciente internado para hacer un tratamiento continuo con heparina intravenosa no fraccionada. Luego, el tratamiento se continúa con el uso a largo plazo de anticoagulantes orales (antagonistas de la vitamina K). En la actualidad, han comenzado a usarse las heparinas de peso molecular bajo.

Las guías preparadas por los grupos especializados en hemostasia y trombosis recomendaron que los pacientes reciban heparina durante al menos cuatro días y no suspender el tratamiento hasta que el RIN quede dentro de límites terapéuticos durante dos días consecutivos.

De acuerdo con esas guías, un paciente con un primer episodio de TVP proximal debe recibir anticoagulantes durante seis meses, con un RIN de 2.5. El tema de cuánto debe durar la anticoagulación todavía está en la mesa de debate.

Sin duda, para la enfermedad trombótica no hay mejor prevención que la que consiga reducir o suprimir el efecto de aquellas enfermedades que favorecen el deterioro de los vasos circulatorios y la consiguiente formación de trombosis. Así pues, una medida de gran beneficio para prevenir el infarto de miocardio, la trombosis cerebral o la trombosis arterial de las piernas es intentar estar libre de los factores de riesgo de la arteriosclerosis por ejemplo.

Pese a todo, existe la posibilidad de disminuir la función de los sistemas de agregación y coagulación mediante fármacos antiagregantes como la Aspirina, el Clopidogrel, etc. o fármacos anticoagulantes como las heparinas, dicumarínicos (Acenocumarol, Warfarina) u otros de aparición más reciente o inminente (Lepirudina, Ximelagatrán, Fondaparina, etc.). La indicación de unos u otros se establece en función del grado de riesgo trombótico, el tipo de enfermedad que favorece dicho riesgo, las condiciones físicas del paciente y su edad.

Los Riesgos del Tratamiento Antiagregante y Anti-coagulante


La indicación del tratamiento antiagregante o anticoagulante preventivo la debe estudiar el médico para cada caso concreto y la decisión se ha de tomar cuando se esté seguro de que la reducción del riesgo trombótico compensa claramente de los riesgos que conllevan dichos tratamientos. Tanto el tratamiento antiagregante como el anticoagulante, pero más el segundo, presentan como principal riesgo de empleo el aumento de la incidencia de cuadros hemorrágicos. Este peligro es hoy por hoy el principal factor limitante de su uso y es tanto mayor cuanto más edad tiene la persona lo que supone que el tratamiento anticoagulante se indique con mucha reserva en el caso de personas mayores.

El tratamiento antiagregante (aspirina principalmente) suele tener como riesgo especial la lesión de la mucosa gástrica, lo que puede traducirse en gastritis erosiva e incluso úlcera gastroduodenal, si bien hay que decir que en los últimos años han surgido nuevos agentes antiagregantes cuyo empleo conlleva una menor frecuencia de este efecto adverso.

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